Vacunación contra el herpes zóster y demencia incidente en Canadá: un análisis de experimentos naturales

Un estudio “casi aleatorizado” 

Se ha planteado la hipótesis de que un herpesvirus neurotrópico como el herpes zóster, cuya incidencia en Italia, según un estudio reciente, es de 6,5 casos por 1.000 en mayores de 50 años y de 9,2 casos por 1.000 en personas de 75 a 79 años, puede estar implicado en el desarrollo de la demencia. Además, un metanálisis ha sugerido que la vacunación en la edad adulta contra varios patógenos, incluido el herpes zóster, está asociada a un menor riesgo de demencia.  

El gran mérito del estudio de Markus Eyting y sus compañeros es que comparó a personas cuya edad difería solo en unas pocas semanas. “Al explotar este experimento natural único, pudimos evitar los factores de confusión de forma más creíble que en todos los estudios existentes sobre el tema, que simplemente compararon a los que recibieron la vacuna con los que no, intentando ajustar el análisis a la miríada de diferencias entre los grupos”, escribieron.

La cohorte de prueba estaba formada por más de 280.000 personas sin diagnóstico de demencia. En el grupo elegible para la vacunación, el 47,2 % fueron realmente inmunizados contra el herpes zóster. En el grupo no elegible, la tasa de inmunización contra el herpes zóster fue insignificante (0,01 %). Entre los vacunados, los diagnósticos de herpes zóster disminuyeron en un 37,2 %, en consonancia con los estudios de aprobación de la vacuna. Teniendo en cuenta el hecho de que no todas las personas que podrían haberse vacunado lo hicieron, los autores del estudio calcularon que la vacunación redujo la probabilidad de nuevos diagnósticos de demencia en un 20 % (intervalo de confianza del 95 % [IC] 95 %: 6,5-33,4).

Las tres hipótesis 

Los autores del estudio plantearon tres posibles explicaciones, no excluyentes entre sí, del efecto protector de la vacuna contra la demencia. La primera era un uso diferente de la asistencia sanitaria: un mayor contacto con el médico debido al herpes zóster podría haber creado más oportunidades de detectar signos de deterioro cognitivo. En ese caso, sin embargo, también habría aumentado el número de diagnósticos de otras enfermedades crónicas (por ejemplo, diabetes), lo que no había ocurrido. O bien, el herpes zóster podría haber sido un motivo para la prescripción de algún fármaco que aumentara el riesgo de demencia (por ejemplo, opioides), pero el análisis de las bases de datos mostró que, aunque hubo un aumento de la prescripción de estos fármacos en el mes siguiente al episodio de herpes zóster, este aumento fue pequeño y muy limitado en el tiempo.

La segunda posible explicación radicaba en la capacidad de la vacuna para prevenir el herpes zóster: menos brotes del virus varicela zóster significaban una menor exposición de las neuronas a un agente nocivo. Los análisis exploratorios apoyan esta hipótesis: la incidencia de demencia fue mayor entre los pacientes que habían tenido múltiples episodios de herpes zósyer y menor entre los pacientes que habían sido tratados con antivirales durante los episodios de herpes zóster.

Una tercera explicación posible era que la vacuna pudiera ejercer una acción inmunomoduladora independiente del efecto sobre la reactivación del herpesvirus: el riesgo de demencia podría disminuir porque disminuyera la neuroinflamación. Los autores del estudio también aportan pruebas para apoyar esta hipótesis: el efecto protector de la vacuna contra la demencia fue mayor en las mujeres y en aquellos que no padecían enfermedades autoinmunes o alérgicas: si la hipótesis no fuera plausible, no debería haber habido diferencias.

Las implicaciones 

Los autores afirman haber aportado “pruebas que tienen más probabilidades de ser de naturaleza causal que las pruebas existentes, puramente asociativas”, sobre la capacidad de la vacuna contra el herpes zóster para prevenir o retrasar la demencia, y piden que se realicen estudios independientes para confirmar sus hallazgos. Cabe señalar que la vacuna utilizada en el estudio ha sido sustituida por una vacuna de subunidades proteicas (Shingrix), por lo que habrá que comprobar si tiene el mismo efecto.

“Aunque todavía no está claro cómo reduce la vacunación contra el herpes zóster el riesgo de demencia, las implicaciones del estudio son profundas”, comenta en un editorial Anupam B. Jena, catedrático de política sanitaria de la Universidad de Harvard. “La vacuna podría ser una intervención rentable con beneficios para la salud pública que superan con creces su finalidad prevista. Dada la importante repercusión económica y social de la demencia, los responsables políticos y los profesionales sanitarios quizá deban reconsiderar la importancia de la vacunación generalizada contra el herpes zóster, sobre todo en las personas mayores”.

Los autores enfatizan que es necesario realizar ensayos clínicos aleatorizados para confirmar el efecto de la vacunación en la demencia y evaluar su impacto en la función cognitiva.

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